miércoles, 24 de marzo de 2010

Los Planetas: Reinventando la tradición


El próximo 13 de Abril, bajo el nombre de Una Ópera Egipcia (Octubre, 2010), se publicará el que será el octavo álbum de estudio de Los Planetas. El nombre del álbum procede de la expresión que utilizaban antiguamente los gitanos para denominar a una obra maestra, algo casi procedente de los dioses, de la divinidad. Por otro lado, cuentan que, cuando Giuseppe Verdi estrenó Aída en El Cairo fue ésta la expresión utilizada para dar cuenta de la magnificencia de lo allí expuesto.

Con estos precedentes, se presenta un álbum que consta de una colección de 12 canciones, que por un lado siguen la línea marcada en su anterior trabajo, (adaptaciones de palos flamencos populares), y que por otro experimenta con la electrónica y los teclados que nos llevan al terreno de la psicodelia.

El disco se abre con un tema instrumental, La Llave de Oro, unos tangos adaptados por los granadinos a su discurso particular. En ellos, durante casi 5 minutos nos deleitan con toneladas de electricidad, en una pieza que, sin duda, pronto formará parte del repertorio habitual de la banda en sus directos.

A continuación, el disco avanza con la que, es su parte más pop, y es que canciones como Una Corona de Estrellas, Soy un Pobre Granaíno y Siete Faroles componen la parte en la que se abordan palos como romeras, colombianas y cantiñas, que aportan una mayor y muy necesaria luminosidad a la primera mitad del álbum. Siguiendo con esta línea aparece la primera colaboración, y es que Ana Fernández (La Bien Querida) pone su voz en No sé como te atreves (a dúo con J) y La Veleta, ésta última corresponde a unas sevillanas completamente electrónicas y que constituyen una de las novedades de este trabajo.

Con Señora de las Alturas, el grupo granadino se atreve a abordar unas alegrías, en las que experimentamos un espectacular crecimiento en el que las guitarras llegan a dominar por completo el paisaje sonoro y que rememoran la épica de canciones de su pasado más memorable.

El paisaje comienza a hacerse tenebroso en temas como
Romance de Juan de Osuna, una canción de puro y frenético rock & roll, en la que se homenajea a Manolo Caracol. A continuación, encontramos Atravesando los Montes, unas malagueñas en las que de nuevo el orgullo y la rabia dejan de lado al desamor, un tema tan universal que podría pasar por una composición planetaria mas que por un cante popular andaluz.

El tormento y el dolor se hacen más presentes que nunca en Virgen de la Soledad, una saeta en la que letra y guitarras parecen sangrar al unísono, y en la que de nuevo dominan las referencias místicas:

“De noche y de día
una pena impertinente
reina en mí de noche y día
porque nada me divierte
no tengo mas alegría
que cuando vienes a verme”

En la recta final del disco encontramos La Pastora Divina, en la que, como ya ocurriera hace 3 años, Enrique Morente vuelve a poner su voz en un sublime ejercicio de cante. También encontramos a Eric Jiménez a la batería y Antonio Arias (al bajo), lo que nos recuerda algunos de los momentos más salvajes de aquel celebrado álbum llamado Omega.

Aunque el broche de oro definitivo corresponde a Los Poetas, canción en la que se crea una de las atmósferas más oscuras y desconcertantes de la carrera del grupo. Y en la que durante casi 10 minutos asistimos a un increíble ejercicio electrónico y psicodélico, mientras J nos guía a través de unas líneas inspiradas en un capítulo del Corán que sin duda constituye uno de los momentos más solemnes del álbum. No cabe duda de que pronto esta pieza se equiparará con obras clave del pasado como Manchas Solares, Rock Chino o Todo lo de hoy.

Sin duda, este álbum carece del impacto inicial y novedoso que supuso La Leyenda del Espacio publicado en 2007, pero lo que está claro es que de nuevo y tras 18 años de carrera Los Planetas vuelven a reinventarse a sí mismos por enésima vez.




domingo, 21 de marzo de 2010

Trainspotting, de Danny Boyle

Elegir un filme con el que comenzar esta aventura internáutica era una complicada labor. Por supuesto, uno siempre tiene sus preferencias y teniendo en cuenta el medio en el que estamos, el escritor siempre tiende a priorizar su ego y gustos en la elección final. Que Trainspotting sea la encargada de abrir el espacio cinematográfico de esta joven web no es una casualidad, pues se erige como una de las propuestas cinematográficas más interesantes de la década de los 90 en el panorama europeo y el filme escocés de culto por antonomasia.


Basada en la novela homónima escrita por Irvine Welsh, la cinta nos traslada hasta la ciudad de Edimburgo, donde nuestros protagonistas -drogodependientes sin trabajo, chorizos y cutres- pasan los días como pueden, colocándose hasta la extenuación y haciendo del consumo de heroína el leitmotiv de su existencia. Renton, conductor de la trama, decide dejar atrás ese tipo de vida aunque, como todo el mundo puede imaginar, no será tan sencilla la teoría como la práctica.


Danny Boyle, que ya había confirmado un buen dominio de la técnica narrativa con la notable Tumba Abierta, de 1994, demostró ser uno de los directores más interesantes del panorama británico. Curtido en la televisión del Reino Unido, Boyle apostó por imprimir al filme una personalidad visual que muchas otras propuestas posteriores han querido imitar pero que, en ningún caso, han conseguido mejorar. Para el papel principal apostó por su actor fetiche, Ewan McGregor, con el que trabajaría hasta en tres ocasiones. Evidentemente, el que McGregor sea ahora una verdadera estrella no ha impedido que haya participado en películas tan arriesgadas como la que nos ocupa. El interprete escocés ha sabido aunar calidad y comercialidad, con algunos pequeños batacazos, pero siempre intentando ofrecer lo mejor de si mismo.


Si al tandem principal sumamos un guión perfectamente adaptado, obra de John Hodge, y un grupo de secundarios de bastante calidad, tenemos un reparto actoral atractivo, a la par que un director innovador capaz de imprimir su sello a todas las películas que ha realizado posteriormente. Lógicamente, aún nos cuesta perdonarle el desliz cometido con Slumdog Millonaire, su obra más comercial, sencilla y terriblemente azucarada. Una mancha en un currículo que no deja de ser interesante y que esperamos no se resienta tras haber ganado el siempre irrisorio Oscar a la “mejor dirección”.


Trainspotting supuso un antes y un después para el cine independiente escocés y británico. La manera cruda y descarnada de tratar un tema tan complejo como la adicción a la heroína causó controversia en su momento y aún hoy resultará complicado de digerir para los espectadores de estómago sensible. Claro está, no fue la primera película –ni será la última– en acercarnos hasta ese complejo mundo, pero si fue una de las pocas en atreverse a mostrar las consecuencias y, sobre todo, contar la historia desde el punto de vista del drogodependiente. También ayuda mucho la elección de una banda sonora acertadísima, que acompasa el ritmo de la cinta con efectividad, cumpliendo con su función narrativa a la perfección.


Pero, además de por su arriesgada y perfecta apuesta formal, Trainspotting ha conseguido alzarse con la etiqueta de “título de culto” gracias al paso del tiempo. Resulta paradójico que un filme de estas características se torne en abanderado de determinados sectores del público que desconocen el significado de la palabra “independiente”, aunque quieran demostrar que saben de lo que hablan. Sea como fuere, la película de Boyle es uno de los ejemplos perfectos de cine británico, ingles, escocés o como quieran llamarlo que ha conseguido impresionar y conseguir que todo el que la ve se forme una opinión firme sobre ella. Buena o mala, pero opinión al fin y al cabo.


Si a todo esto sumamos uno de los prólogos más populares de los últimos 15 años, la presencia del casi siempre genial Robert Carlyle, unos personajes tan característicos como Sick Boy –geniales todos sus diálogos alabando a Sean Connery– o Spud, secuencias tan hipnóticas como la del bebé y la tremenda capacidad de saber mezclar comedia ácida con el drama más crudo, descubrimos que Trainspotting es una de las películas más importantes y reseñables del actual “indie europeo”. Y si tenemos en cuenta que el 95% del cine que se realiza en el Viejo Continente tiene presupuestos de chiste, el mérito es aún mayor.



lunes, 8 de marzo de 2010

Los Punsetes: Aún hay vida y esperanza en el reino


Hablar del pop nacional es, en ocasiones, anclarse en los mismos conceptos de siempre y repetirse hasta la saciedad. Otras veces es hablar de propuestas que un día brillaron con luz cegadora pero que al siguiente se apagaron para acabar en el mayor de los ostracismos y profundamente sumergidos en el mainstream más repelente.


Y es que a menudo encontramos bandas realmente buenas (o no tanto) que por algún extraño fenómeno acaban por manchar una discografía hasta ese momento inmaculada y realmente destacable. Es el caso de bandas como Lori Meyers, y en menor medida La Habitación Roja o incluso Sidonie, gente que un día llegaron a la cima (con mayor o menor justicia) y que de repente cambiaron por completo su discurso, bien porque su talento era algo que habíamos sobrevalorado o porque hay muy pocos que puedan vivir de la música en ese bucólico e inexistente mundo llamado indie, y ya se sabe que cuando el hambre aprieta...

Sin embargo, hay casos que, por insólitos, resultan fascinantes y perduran en el tiempo sin perder un ápice de ética ni de estética. Un conjunto de bandas en las que podríamos incluir nombres ilustres como Surfin' Bichos, Mercromina, La Buena Vida, Los Planetas o Automatics (ahora Universal Circus). Y es que aunque algunos de ellos pasasen a mejor vida, siguen teniendo vigencia hoy día en el legado que algunas de las bandas de la nueva ola pop española recogen y sin ningún miedo se atreven a continuar.

Es el caso de los que ya se han convertido en una de las mayores y agradables sorpresas de los últimos años, y es que la aparición de Los Punsetes ha supuesto un soplo de aire fresco a un panorama que salvo por puntuales excepciones se compone de viejas glorias y neo-grupos de radiofórmula que no pasan de ser burdas bromas de mal gusto.

Y es que estos madrileños, que deben su nombre al peculiar y multidisciplinar Eduard Punset, acaban de editar su segundo álbum LP2 (Everlasting, 2010) en el que han seguido la senda marcada por su genial y homónimo disco de debut. En esta nueva entrega, se puede saborear un pop de altos vuelos interrumpido a veces con guitarrazos y distorsiones varias, todo ello sazonado con unas letras brutalmente honestas, un tanto arriesgadas y por momentos llenas de cinismo y oscuridad.

Si a la ironía y peculiar sentido del humor de las letras sumamos la actitud, por un lado hipnótica y por otro desconcertante, de su hierática vocalista Ariadna tenemos una mezcla explosiva que sólo nos puede llevar a aplaudir y a esperar que esta luminosidad no se apague en uno o dos chispazos más.

Algunos de los temas más destacados de Los Punsetes:

- Fondo de Armario.
- Accidentes.
- Maricas.
- Lo Natural.
- Hospital Alchemilla.
- Yo Creo que Creo en Satanás.
- El Artista.