El próximo 13 de Abril, bajo el nombre de Una Ópera Egipcia (Octubre, 2010), se publicará el que será el octavo álbum de estudio de Los Planetas. El nombre del álbum procede de la expresión que utilizaban antiguamente los gitanos para denominar a una obra maestra, algo casi procedente de los dioses, de la divinidad. Por otro lado, cuentan que, cuando Giuseppe Verdi estrenó Aída en El Cairo fue ésta la expresión utilizada para dar cuenta de la magnificencia de lo allí expuesto.
Con estos precedentes, se presenta un álbum que consta de una colección de 12 canciones, que por un lado siguen la línea marcada en su anterior trabajo, (adaptaciones de palos flamencos populares), y que por otro experimenta con la electrónica y los teclados que nos llevan al terreno de la psicodelia.
El disco se abre con un tema instrumental, La Llave de Oro, unos tangos adaptados por los granadinos a su discurso particular. En ellos, durante casi 5 minutos nos deleitan con toneladas de electricidad, en una pieza que, sin duda, pronto formará parte del repertorio habitual de la banda en sus directos.
A continuación, el disco avanza con la que, es su parte más pop, y es que canciones como Una Corona de Estrellas, Soy un Pobre Granaíno y Siete Faroles componen la parte en la que se abordan palos como romeras, colombianas y cantiñas, que aportan una mayor y muy necesaria luminosidad a la primera mitad del álbum. Siguiendo con esta línea aparece la primera colaboración, y es que Ana Fernández (La Bien Querida) pone su voz en No sé como te atreves (a dúo con J) y La Veleta, ésta última corresponde a unas sevillanas completamente electrónicas y que constituyen una de las novedades de este trabajo.
Con Señora de las Alturas, el grupo granadino se atreve a abordar unas alegrías, en las que experimentamos un espectacular crecimiento en el que las guitarras llegan a dominar por completo el paisaje sonoro y que rememoran la épica de canciones de su pasado más memorable.
El paisaje comienza a hacerse tenebroso en temas como Romance de Juan de Osuna, una canción de puro y frenético rock & roll, en la que se homenajea a Manolo Caracol. A continuación, encontramos Atravesando los Montes, unas malagueñas en las que de nuevo el orgullo y la rabia dejan de lado al desamor, un tema tan universal que podría pasar por una composición planetaria mas que por un cante popular andaluz.
El tormento y el dolor se hacen más presentes que nunca en Virgen de la Soledad, una saeta en la que letra y guitarras parecen sangrar al unísono, y en la que de nuevo dominan las referencias místicas:
“De noche y de día
una pena impertinente
reina en mí de noche y día
porque nada me divierte
no tengo mas alegría
que cuando vienes a verme”
En la recta final del disco encontramos La Pastora Divina, en la que, como ya ocurriera hace 3 años, Enrique Morente vuelve a poner su voz en un sublime ejercicio de cante. También encontramos a Eric Jiménez a la batería y Antonio Arias (al bajo), lo que nos recuerda algunos de los momentos más salvajes de aquel celebrado álbum llamado Omega.
Aunque el broche de oro definitivo corresponde a Los Poetas, canción en la que se crea una de las atmósferas más oscuras y desconcertantes de la carrera del grupo. Y en la que durante casi 10 minutos asistimos a un increíble ejercicio electrónico y psicodélico, mientras J nos guía a través de unas líneas inspiradas en un capítulo del Corán que sin duda constituye uno de los momentos más solemnes del álbum. No cabe duda de que pronto esta pieza se equiparará con obras clave del pasado como Manchas Solares, Rock Chino o Todo lo de hoy.
Sin duda, este álbum carece del impacto inicial y novedoso que supuso La Leyenda del Espacio publicado en 2007, pero lo que está claro es que de nuevo y tras 18 años de carrera Los Planetas vuelven a reinventarse a sí mismos por enésima vez.
Con estos precedentes, se presenta un álbum que consta de una colección de 12 canciones, que por un lado siguen la línea marcada en su anterior trabajo, (adaptaciones de palos flamencos populares), y que por otro experimenta con la electrónica y los teclados que nos llevan al terreno de la psicodelia.
El disco se abre con un tema instrumental, La Llave de Oro, unos tangos adaptados por los granadinos a su discurso particular. En ellos, durante casi 5 minutos nos deleitan con toneladas de electricidad, en una pieza que, sin duda, pronto formará parte del repertorio habitual de la banda en sus directos.
A continuación, el disco avanza con la que, es su parte más pop, y es que canciones como Una Corona de Estrellas, Soy un Pobre Granaíno y Siete Faroles componen la parte en la que se abordan palos como romeras, colombianas y cantiñas, que aportan una mayor y muy necesaria luminosidad a la primera mitad del álbum. Siguiendo con esta línea aparece la primera colaboración, y es que Ana Fernández (La Bien Querida) pone su voz en No sé como te atreves (a dúo con J) y La Veleta, ésta última corresponde a unas sevillanas completamente electrónicas y que constituyen una de las novedades de este trabajo.
Con Señora de las Alturas, el grupo granadino se atreve a abordar unas alegrías, en las que experimentamos un espectacular crecimiento en el que las guitarras llegan a dominar por completo el paisaje sonoro y que rememoran la épica de canciones de su pasado más memorable.
El paisaje comienza a hacerse tenebroso en temas como Romance de Juan de Osuna, una canción de puro y frenético rock & roll, en la que se homenajea a Manolo Caracol. A continuación, encontramos Atravesando los Montes, unas malagueñas en las que de nuevo el orgullo y la rabia dejan de lado al desamor, un tema tan universal que podría pasar por una composición planetaria mas que por un cante popular andaluz.
El tormento y el dolor se hacen más presentes que nunca en Virgen de la Soledad, una saeta en la que letra y guitarras parecen sangrar al unísono, y en la que de nuevo dominan las referencias místicas:
“De noche y de día
una pena impertinente
reina en mí de noche y día
porque nada me divierte
no tengo mas alegría
que cuando vienes a verme”
En la recta final del disco encontramos La Pastora Divina, en la que, como ya ocurriera hace 3 años, Enrique Morente vuelve a poner su voz en un sublime ejercicio de cante. También encontramos a Eric Jiménez a la batería y Antonio Arias (al bajo), lo que nos recuerda algunos de los momentos más salvajes de aquel celebrado álbum llamado Omega.
Aunque el broche de oro definitivo corresponde a Los Poetas, canción en la que se crea una de las atmósferas más oscuras y desconcertantes de la carrera del grupo. Y en la que durante casi 10 minutos asistimos a un increíble ejercicio electrónico y psicodélico, mientras J nos guía a través de unas líneas inspiradas en un capítulo del Corán que sin duda constituye uno de los momentos más solemnes del álbum. No cabe duda de que pronto esta pieza se equiparará con obras clave del pasado como Manchas Solares, Rock Chino o Todo lo de hoy.
Sin duda, este álbum carece del impacto inicial y novedoso que supuso La Leyenda del Espacio publicado en 2007, pero lo que está claro es que de nuevo y tras 18 años de carrera Los Planetas vuelven a reinventarse a sí mismos por enésima vez.
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