martes, 18 de mayo de 2010

Ian Kevin Curtis (1956 - 1980)


Hace 30 años, el abajo firmante ni siquiera había llegado a este mundo, pero aun así, hoy es capaz de darse cuenta de la magnitud de los acontecimientos acaecidos aquel triste 18 de Mayo de 1980. Ese día fallecía, tras ahorcarse, uno de los más grandes, y a la vez fugaces, genios de la historia de la música.

Desde muy joven Ian demostró sus dotes como poeta, escritor y músico, campo en el que sus principales influencias fueron artistas como David Bowie, Iggy Pop e incluso Jim Morrison.

Quizás Joy Division nunca habrían existido si no hubiera sido por aquel concierto de los Sex Pistols en Manchester (ante un público de unas 50 personas), donde Ian conoció a Peter Hook y Bernard Summer. Fue aquí donde comenzó a gestarse la leyenda de esa banda que inicialmente (y minutos antes de uno de sus primeros conciertos) decidió llamarse Warsaw y que luego pasarían a ser la más irónica de las "Divisiones de la Alegría". Asunto que causó bastante confusión en la época, ya que "Joy Divisions", en tiempos de la Alemania nazi, eran grupos de mujeres judías obligadas a mantener relaciones sexuales con soldados nazis. Está claro que la intención de la banda era crear impacto e ironizar con el tema, pero imaginen semejante muestra de descaro allá por el final de la década de los 70.

Sin embargo, Ian Curtis no tuvo una vida fácil, depresión, epilepsia y tratamientos experimentales sin resultado, fueron la gran carga que no le permitió ser feliz, y el tormento que le llevó a la muerte. De él, se dijo que era un poeta de las tinieblas, que su música era oscura y depresiva, puede que sea cierto, pero también nos dejó momentos luminosos y el empujón definitivo a una escena británica estancada en el punk.

A pesar de la corta existencia de la banda (1977-1980), todavía hoy el sello de Joy Division es fácilmente reconocible en muchas bandas de rock alternativo. Nadie puede negar que son uno de los pilares básicos sobre el que se ha sostenido la música rock, durante más de 30 años. También somos muchos los que nos preguntamos qué habría sido de bandas como The Cure, The Smiths, Depeche Mode, Pixies, Nirvana, Editors, The Horrors y un infinito etcétera sin esta fuente de inspiración.




domingo, 9 de mayo de 2010

Del Siglo V al año Xacobeo


Hablar de Triángulo de Amor Bizarro es hablar de la nueva generación del rock de nuestro país, pero rock con mayúsculas. Y es que con sólo dos entregas discográficas han logrado sorprender a propios y extraños con su mezcla de shoegaze y noise rock al mas puro estilo de grupos como The Jesus and Mary Chain y My Bloody Valentine, y lo que por momentos se torna en canciones de ritmo trepidante y hasta bailable (obviando lo odioso de este concepto), todo ello ayudado por el poderoso bajo de Isa (que además también pone voz a algunas canciones) y la particular forma de cantar de su vocalista y guitarra, Rodrigo.


El digno sucesor de aquel estratosférico El Hombre del Siglo V (2007), se llama Año Santo (Mushroom Pillow, 2010) y en él la banda gallega vuelve por los mismos fueros de hace tres años, pero esta vez con un sonido más trabajado y elaborado, y sin embargo igual de fresco, espontáneo y visceral que antes, ya saben…lo cortés no quita lo valiente. Tampoco se ha perdido la esencia del grupo en sus letras, tan atrevidas como siempre y por supuesto, los títulos de las canciones vuelven a ser marca de la casa. Si años atrás nos sorprendieron con temas como El Crimen: Cómo ocurre y como remediarlo o Ardió la Virgen de las Cabezas, ahora, en su retorno, encontramos piezas como De la Monarquía a la Criptocracia , La Malicia de las Especies Protegidas o Super Castlevania IV. En esta última, aparte del claro homenaje al mítico videojuego de principios de los 90, encontramos guiños a temas del rock ruidoso de toda la vida como Just Like Honey de The Jesus and Mary Chain o incluso referencias a bandas como Suicide.

Con estos ingredientes y en apenas 28 minutos de álbum, lo han vuelto a conseguir, han demostrado que el rock de verdad, el que sale de las mismas entrañas, no necesita de especiales artificios y estériles adornos sonoros para dejarnos sin aliento.





sábado, 17 de abril de 2010

Flashback: ¿Recuerdas...El Niño Gusano?


Si nos remontamos a la época dorada del movimiento indie allá por los años 90 encontramos un grupo tan imprescindible para entender el pop en este país que, como suele pasar en estos lares, nunca fue valorado tal y como se merecía. En efecto, hablamos del grupo zaragozano El Niño Gusano, cuya breve andadura entre 1994 y 1999, no le impidió convertirse en una de las formaciones más míticas del mundo independiente español de todos los tiempos.

Su estilo mezclaba pegadizas melodías, con letras absolutamente surrealistas plagadas de personajes fantásticos e historias que sólo tenían cabida en la prodigiosa mente de su prematuramente desaparecido líder Sergio Algora, con canciones más oscuras y que por momentos deambulaban por derroteros del pop más experimental y arriesgado. Con estos ingredientes y junto con músicos del nivel de Sergio Vinadé (Tachenko) o Andrés Perruca fueron capaces de editar obras de nivel excepcional como Circo luso (Grabaciones en el mar, 1995), El efecto lupa (Grabaciones en el mar/RCA, 1996) o El escarabajo más grande de Europa (BMG, 1998).



sábado, 3 de abril de 2010

Teniente Corrupto (Bad Lieutenant), de Abel Ferrara

Sólo hacen falta 20 minutos de metraje para descubrir que Teniente Corrupto no es un filme para espectadores de gustos masivos. La década de los 90 había comenzado de forma realmente espectacular para el cine independiente norteamericano gracias a Reservoir Dogs, de Quentin Tarantino, que logró encandilar a los espectadores del Festival de Sundance y hacer de la violencia explícita una herramienta narrativa más. Tras decidir apostar fuerte por el que se convertiría en el enfant terrible del indie usamericano, Harvey Keitel tiró la casa por la ventana y se metió de lleno con Teniente Corrupto, una película que si bien no alcanza en ningún momento el nivel de maestría que la denominación de culto sugiere, si ofrece los suficientes alicientes como para enamorar a más de un cinéfilo empedernido.

El Teniente que da título a la obra -jamás conoceremos su nombre- no pasa por un buen momento. Su adicción al juego le está causando problemas económicos que sólo cree poder solucionar apostando más y más dinero, abusa de su autoridad cada vez que tiene ocasión, sus relaciones sexuales -más allá del matrimonio- implican a prostitutas y adolescentes de formas aberrantes y asbtractas y, para colmo, es un yonki de tomo y lomo. Con todo, el Teniente vislumbra una posibilidad para salvar el pellejo: una joven monja ha sido brutalmente violada y se ofrecen 50.000 dólares de recompensa.

Cuando el filme se estrenó en el Festival de Cannes causó un impacto bastante considerable, especialmente para la crítica norteamericana, acostumbrada a temáticas más de sobremesa y a tener a los policías como ejemplos perfectos de civismo, no como pilares fundamentales de la corrupción urbana. Mientras que algunos críticos vieron en ella una macabra historia de violencia, sexo y drogas, otros fueron capaces de vislumbrar la redención católica que tanto gusta a las puritanas mentes estadounidenses. Abel Ferrara, su director, imprimió al conjunto un malsano aire narrativo, acompañado por una fotografía y una banda sonora que conjugan a la perfección con la trama de la cinta.

Para los no iniciados, Ferrara siempre ha sido un "niño malo" dentro del indie norteamericano. En su filmografía encontramos obras cargadas de violencia explícita, como Ángel de Venganza o El rey de Nueva York, donde dejaba a las claras su predilección por los temás más complejos y evitados del cine realizado al norte del otro lado del charco. Aunque muchos consideran Teniente Corrupto como su mejor película, lo cierto es que le pesa en demasía el cartel de "obra de culto", cartel que, por otra parte, nos encanta colgar a todos aquellos que decimos saber algo sobre cine. El caso es que Ferrara siempre ha sido un director lanzado, tanto en las formas como en el contenido, y ello hace de su obra una interesante demostración de valentía y atrevimiento.

Con todo, hablar de Teniente Corrupto es hablar de la brutal interpretación de Harvey Keitel. Cuando un actor de su reconocido prestigio decide hacer un papel como el que nos ocupa, nos damos cuenta de la verdadera valía del intérprete en cuestión. Para muchos, el Teniente de Keitel es la actuación más intensa realizada jamás y, aunque pueda sonar a exagerado, no andan desencaminados. A lo largo del filme vemos un desnudo integral, secuencias de humillación personal, planos fijos donde el actor se mete de todo y somos téstigos de un cambio emocional en el personaje, que a cada paso que da se aproxima más al abismo. Lo mejor del asunto es que Keitel no cae en el histrionismo y produce unos sentimientos en el espectador que pocas veces experimentaremos en una sala de cine. Su interesante carrera está plagada de filmes independientes -es un gran defensor del indie- y algunas superproducciones chuscas -hay que comer-, pero atreverse a realizar este papel con casi 55 años es un reto que, posiblemente, ningún otro actor hubiera podido superar.

La unión de estos dos artistas, Keitel y Ferrara, hacen de Teniente Corrupto una película a destacar. Aunque no sea una obra maestra en el sentido clásico de la palabra, ofrece tantas sensaciones que resulta una experiencia única, compleja y, al final, satisfactoria. Descender a los infernos como el Teniente del título es algo que pocas veces sentiremos de la misma forma. La opresión de los últimos 20 minutos nos hacen viajar al subconsciente del personaje principal, haciéndonos pensar mientras creemos estar alucinando por culpa de un mal chute de heroina que el Teniente ha dejado sobre la mesa, olvidado, al recordar la ingente cantidad de pasta que debe a los tíos equivocados. Si eso lo acompañas con unas gotitas de crítica al conservador catolicismo usamericano y un último intento de hacer bien las cosas, descubrimos que la película de Ferrara es una de las imprescindibles para comprender el cine indie de los años 90.


miércoles, 24 de marzo de 2010

Los Planetas: Reinventando la tradición


El próximo 13 de Abril, bajo el nombre de Una Ópera Egipcia (Octubre, 2010), se publicará el que será el octavo álbum de estudio de Los Planetas. El nombre del álbum procede de la expresión que utilizaban antiguamente los gitanos para denominar a una obra maestra, algo casi procedente de los dioses, de la divinidad. Por otro lado, cuentan que, cuando Giuseppe Verdi estrenó Aída en El Cairo fue ésta la expresión utilizada para dar cuenta de la magnificencia de lo allí expuesto.

Con estos precedentes, se presenta un álbum que consta de una colección de 12 canciones, que por un lado siguen la línea marcada en su anterior trabajo, (adaptaciones de palos flamencos populares), y que por otro experimenta con la electrónica y los teclados que nos llevan al terreno de la psicodelia.

El disco se abre con un tema instrumental, La Llave de Oro, unos tangos adaptados por los granadinos a su discurso particular. En ellos, durante casi 5 minutos nos deleitan con toneladas de electricidad, en una pieza que, sin duda, pronto formará parte del repertorio habitual de la banda en sus directos.

A continuación, el disco avanza con la que, es su parte más pop, y es que canciones como Una Corona de Estrellas, Soy un Pobre Granaíno y Siete Faroles componen la parte en la que se abordan palos como romeras, colombianas y cantiñas, que aportan una mayor y muy necesaria luminosidad a la primera mitad del álbum. Siguiendo con esta línea aparece la primera colaboración, y es que Ana Fernández (La Bien Querida) pone su voz en No sé como te atreves (a dúo con J) y La Veleta, ésta última corresponde a unas sevillanas completamente electrónicas y que constituyen una de las novedades de este trabajo.

Con Señora de las Alturas, el grupo granadino se atreve a abordar unas alegrías, en las que experimentamos un espectacular crecimiento en el que las guitarras llegan a dominar por completo el paisaje sonoro y que rememoran la épica de canciones de su pasado más memorable.

El paisaje comienza a hacerse tenebroso en temas como
Romance de Juan de Osuna, una canción de puro y frenético rock & roll, en la que se homenajea a Manolo Caracol. A continuación, encontramos Atravesando los Montes, unas malagueñas en las que de nuevo el orgullo y la rabia dejan de lado al desamor, un tema tan universal que podría pasar por una composición planetaria mas que por un cante popular andaluz.

El tormento y el dolor se hacen más presentes que nunca en Virgen de la Soledad, una saeta en la que letra y guitarras parecen sangrar al unísono, y en la que de nuevo dominan las referencias místicas:

“De noche y de día
una pena impertinente
reina en mí de noche y día
porque nada me divierte
no tengo mas alegría
que cuando vienes a verme”

En la recta final del disco encontramos La Pastora Divina, en la que, como ya ocurriera hace 3 años, Enrique Morente vuelve a poner su voz en un sublime ejercicio de cante. También encontramos a Eric Jiménez a la batería y Antonio Arias (al bajo), lo que nos recuerda algunos de los momentos más salvajes de aquel celebrado álbum llamado Omega.

Aunque el broche de oro definitivo corresponde a Los Poetas, canción en la que se crea una de las atmósferas más oscuras y desconcertantes de la carrera del grupo. Y en la que durante casi 10 minutos asistimos a un increíble ejercicio electrónico y psicodélico, mientras J nos guía a través de unas líneas inspiradas en un capítulo del Corán que sin duda constituye uno de los momentos más solemnes del álbum. No cabe duda de que pronto esta pieza se equiparará con obras clave del pasado como Manchas Solares, Rock Chino o Todo lo de hoy.

Sin duda, este álbum carece del impacto inicial y novedoso que supuso La Leyenda del Espacio publicado en 2007, pero lo que está claro es que de nuevo y tras 18 años de carrera Los Planetas vuelven a reinventarse a sí mismos por enésima vez.




domingo, 21 de marzo de 2010

Trainspotting, de Danny Boyle

Elegir un filme con el que comenzar esta aventura internáutica era una complicada labor. Por supuesto, uno siempre tiene sus preferencias y teniendo en cuenta el medio en el que estamos, el escritor siempre tiende a priorizar su ego y gustos en la elección final. Que Trainspotting sea la encargada de abrir el espacio cinematográfico de esta joven web no es una casualidad, pues se erige como una de las propuestas cinematográficas más interesantes de la década de los 90 en el panorama europeo y el filme escocés de culto por antonomasia.


Basada en la novela homónima escrita por Irvine Welsh, la cinta nos traslada hasta la ciudad de Edimburgo, donde nuestros protagonistas -drogodependientes sin trabajo, chorizos y cutres- pasan los días como pueden, colocándose hasta la extenuación y haciendo del consumo de heroína el leitmotiv de su existencia. Renton, conductor de la trama, decide dejar atrás ese tipo de vida aunque, como todo el mundo puede imaginar, no será tan sencilla la teoría como la práctica.


Danny Boyle, que ya había confirmado un buen dominio de la técnica narrativa con la notable Tumba Abierta, de 1994, demostró ser uno de los directores más interesantes del panorama británico. Curtido en la televisión del Reino Unido, Boyle apostó por imprimir al filme una personalidad visual que muchas otras propuestas posteriores han querido imitar pero que, en ningún caso, han conseguido mejorar. Para el papel principal apostó por su actor fetiche, Ewan McGregor, con el que trabajaría hasta en tres ocasiones. Evidentemente, el que McGregor sea ahora una verdadera estrella no ha impedido que haya participado en películas tan arriesgadas como la que nos ocupa. El interprete escocés ha sabido aunar calidad y comercialidad, con algunos pequeños batacazos, pero siempre intentando ofrecer lo mejor de si mismo.


Si al tandem principal sumamos un guión perfectamente adaptado, obra de John Hodge, y un grupo de secundarios de bastante calidad, tenemos un reparto actoral atractivo, a la par que un director innovador capaz de imprimir su sello a todas las películas que ha realizado posteriormente. Lógicamente, aún nos cuesta perdonarle el desliz cometido con Slumdog Millonaire, su obra más comercial, sencilla y terriblemente azucarada. Una mancha en un currículo que no deja de ser interesante y que esperamos no se resienta tras haber ganado el siempre irrisorio Oscar a la “mejor dirección”.


Trainspotting supuso un antes y un después para el cine independiente escocés y británico. La manera cruda y descarnada de tratar un tema tan complejo como la adicción a la heroína causó controversia en su momento y aún hoy resultará complicado de digerir para los espectadores de estómago sensible. Claro está, no fue la primera película –ni será la última– en acercarnos hasta ese complejo mundo, pero si fue una de las pocas en atreverse a mostrar las consecuencias y, sobre todo, contar la historia desde el punto de vista del drogodependiente. También ayuda mucho la elección de una banda sonora acertadísima, que acompasa el ritmo de la cinta con efectividad, cumpliendo con su función narrativa a la perfección.


Pero, además de por su arriesgada y perfecta apuesta formal, Trainspotting ha conseguido alzarse con la etiqueta de “título de culto” gracias al paso del tiempo. Resulta paradójico que un filme de estas características se torne en abanderado de determinados sectores del público que desconocen el significado de la palabra “independiente”, aunque quieran demostrar que saben de lo que hablan. Sea como fuere, la película de Boyle es uno de los ejemplos perfectos de cine británico, ingles, escocés o como quieran llamarlo que ha conseguido impresionar y conseguir que todo el que la ve se forme una opinión firme sobre ella. Buena o mala, pero opinión al fin y al cabo.


Si a todo esto sumamos uno de los prólogos más populares de los últimos 15 años, la presencia del casi siempre genial Robert Carlyle, unos personajes tan característicos como Sick Boy –geniales todos sus diálogos alabando a Sean Connery– o Spud, secuencias tan hipnóticas como la del bebé y la tremenda capacidad de saber mezclar comedia ácida con el drama más crudo, descubrimos que Trainspotting es una de las películas más importantes y reseñables del actual “indie europeo”. Y si tenemos en cuenta que el 95% del cine que se realiza en el Viejo Continente tiene presupuestos de chiste, el mérito es aún mayor.



lunes, 8 de marzo de 2010

Los Punsetes: Aún hay vida y esperanza en el reino


Hablar del pop nacional es, en ocasiones, anclarse en los mismos conceptos de siempre y repetirse hasta la saciedad. Otras veces es hablar de propuestas que un día brillaron con luz cegadora pero que al siguiente se apagaron para acabar en el mayor de los ostracismos y profundamente sumergidos en el mainstream más repelente.


Y es que a menudo encontramos bandas realmente buenas (o no tanto) que por algún extraño fenómeno acaban por manchar una discografía hasta ese momento inmaculada y realmente destacable. Es el caso de bandas como Lori Meyers, y en menor medida La Habitación Roja o incluso Sidonie, gente que un día llegaron a la cima (con mayor o menor justicia) y que de repente cambiaron por completo su discurso, bien porque su talento era algo que habíamos sobrevalorado o porque hay muy pocos que puedan vivir de la música en ese bucólico e inexistente mundo llamado indie, y ya se sabe que cuando el hambre aprieta...

Sin embargo, hay casos que, por insólitos, resultan fascinantes y perduran en el tiempo sin perder un ápice de ética ni de estética. Un conjunto de bandas en las que podríamos incluir nombres ilustres como Surfin' Bichos, Mercromina, La Buena Vida, Los Planetas o Automatics (ahora Universal Circus). Y es que aunque algunos de ellos pasasen a mejor vida, siguen teniendo vigencia hoy día en el legado que algunas de las bandas de la nueva ola pop española recogen y sin ningún miedo se atreven a continuar.

Es el caso de los que ya se han convertido en una de las mayores y agradables sorpresas de los últimos años, y es que la aparición de Los Punsetes ha supuesto un soplo de aire fresco a un panorama que salvo por puntuales excepciones se compone de viejas glorias y neo-grupos de radiofórmula que no pasan de ser burdas bromas de mal gusto.

Y es que estos madrileños, que deben su nombre al peculiar y multidisciplinar Eduard Punset, acaban de editar su segundo álbum LP2 (Everlasting, 2010) en el que han seguido la senda marcada por su genial y homónimo disco de debut. En esta nueva entrega, se puede saborear un pop de altos vuelos interrumpido a veces con guitarrazos y distorsiones varias, todo ello sazonado con unas letras brutalmente honestas, un tanto arriesgadas y por momentos llenas de cinismo y oscuridad.

Si a la ironía y peculiar sentido del humor de las letras sumamos la actitud, por un lado hipnótica y por otro desconcertante, de su hierática vocalista Ariadna tenemos una mezcla explosiva que sólo nos puede llevar a aplaudir y a esperar que esta luminosidad no se apague en uno o dos chispazos más.

Algunos de los temas más destacados de Los Punsetes:

- Fondo de Armario.
- Accidentes.
- Maricas.
- Lo Natural.
- Hospital Alchemilla.
- Yo Creo que Creo en Satanás.
- El Artista.




martes, 23 de febrero de 2010

Esto no es una bienvenida

Es muy posible que hayan llegado aquí por error, aún así intentaremos que la casualidad les merezca la pena (no literalmente). Aquí podrán encontrar opiniones, artículos, comentarios o simplemente devaneos mentales, eso sí, sin rodeos, sin eufemismos, todo expresado tal y como nuestros abotargados y castigados cerebros nos lo sirven a nosotros...sin intermediarios, sin filtros, sin tapujos, sin pretensiones.

¿Y sobre qué? Sobre cualquier ámbito cultural, sin excepciones...música, cine,...cultura al fin y al cabo...pero con una condición...aquí se rehuirá la versión oficial de las cosas, lo obvio, aquello de lo que todo el mundo habla...