Elegir un filme con el que comenzar esta aventura internáutica era una complicada labor. Por supuesto, uno siempre tiene sus preferencias y teniendo en cuenta el medio en el que estamos, el escritor siempre tiende a priorizar su ego y gustos en la elección final. Que Trainspotting sea la encargada de abrir el espacio cinematográfico de esta joven web no es una casualidad, pues se erige como una de las propuestas cinematográficas más interesantes de la década de los 90 en el panorama europeo y el filme escocés de culto por antonomasia.
Basada en la novela homónima escrita por Irvine Welsh, la cinta nos traslada hasta la ciudad de Edimburgo, donde nuestros protagonistas -drogodependientes sin trabajo, chorizos y cutres- pasan los días como pueden, colocándose hasta la extenuación y haciendo del consumo de heroína el leitmotiv de su existencia. Renton, conductor de la trama, decide dejar atrás ese tipo de vida aunque, como todo el mundo puede imaginar, no será tan sencilla la teoría como la práctica.
Danny Boyle, que ya había confirmado un buen dominio de la técnica narrativa con la notable Tumba Abierta, de 1994, demostró ser uno de los directores más interesantes del panorama británico. Curtido en la televisión del Reino Unido, Boyle apostó por imprimir al filme una personalidad visual que muchas otras propuestas posteriores han querido imitar pero que, en ningún caso, han conseguido mejorar. Para el papel principal apostó por su actor fetiche, Ewan McGregor, con el que trabajaría hasta en tres ocasiones. Evidentemente, el que McGregor sea ahora una verdadera estrella no ha impedido que haya participado en películas tan arriesgadas como la que nos ocupa. El interprete escocés ha sabido aunar calidad y comercialidad, con algunos pequeños batacazos, pero siempre intentando ofrecer lo mejor de si mismo.
Si al tandem principal sumamos un guión perfectamente adaptado, obra de John Hodge, y un grupo de secundarios de bastante calidad, tenemos un reparto actoral atractivo, a la par que un director innovador capaz de imprimir su sello a todas las películas que ha realizado posteriormente. Lógicamente, aún nos cuesta perdonarle el desliz cometido con Slumdog Millonaire, su obra más comercial, sencilla y terriblemente azucarada. Una mancha en un currículo que no deja de ser interesante y que esperamos no se resienta tras haber ganado el siempre irrisorio Oscar a la “mejor dirección”.
Trainspotting supuso un antes y un después para el cine independiente escocés y británico. La manera cruda y descarnada de tratar un tema tan complejo como la adicción a la heroína causó controversia en su momento y aún hoy resultará complicado de digerir para los espectadores de estómago sensible. Claro está, no fue la primera película –ni será la última– en acercarnos hasta ese complejo mundo, pero si fue una de las pocas en atreverse a mostrar las consecuencias y, sobre todo, contar la historia desde el punto de vista del drogodependiente. También ayuda mucho la elección de una banda sonora acertadísima, que acompasa el ritmo de la cinta con efectividad, cumpliendo con su función narrativa a la perfección.
Pero, además de por su arriesgada y perfecta apuesta formal, Trainspotting ha conseguido alzarse con la etiqueta de “título de culto” gracias al paso del tiempo. Resulta paradójico que un filme de estas características se torne en abanderado de determinados sectores del público que desconocen el significado de la palabra “independiente”, aunque quieran demostrar que saben de lo que hablan. Sea como fuere, la película de Boyle es uno de los ejemplos perfectos de cine británico, ingles, escocés o como quieran llamarlo que ha conseguido impresionar y conseguir que todo el que la ve se forme una opinión firme sobre ella. Buena o mala, pero opinión al fin y al cabo.
Si a todo esto sumamos uno de los prólogos más populares de los últimos 15 años, la presencia del casi siempre genial Robert Carlyle, unos personajes tan característicos como Sick Boy –geniales todos sus diálogos alabando a Sean Connery– o Spud, secuencias tan hipnóticas como la del bebé y la tremenda capacidad de saber mezclar comedia ácida con el drama más crudo, descubrimos que Trainspotting es una de las películas más importantes y reseñables del actual “indie europeo”. Y si tenemos en cuenta que el 95% del cine que se realiza en el Viejo Continente tiene presupuestos de chiste, el mérito es aún mayor.
Me encanta Ewan MacGregor, es mi actor favorito y aunque en esta película esta muy lejos de posteriores trabajos com galán creo que hace un papelón ^^
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